Ante la conmemoración del Día Internacional contra el Acoso Escolar, se está promoviendo una visión innovadora en la prevención de este problema: dirigir más atención hacia los testigos silenciosos.
Según el psicólogo y profesor universitario David Álvarez, quien ha investigado durante más de dos décadas sobre el tema, esta estrategia está ganando terreno frente al enfoque tradicional que se centra principalmente en el agresor y la víctima.
Álvarez, del grupo “Aprendizaje Escolar, Dificultades y Rendimiento Académico ADIR” de la Universidad de Oviedo, destaca que durante mucho tiempo los esfuerzos se han centrado en trabajar con las víctimas y los agresores. Sin embargo, enfocarse en los espectadores podría ser la clave para cambiar la dinámica del acoso escolar.
Según un sondeo realizado por ADIR entre mil estudiantes de cuarto de primaria, un preocupante 16,8% indicó que no haría nada si presenciara acoso, optando por mantenerse al margen porque consideran que el problema no les incumbe. Además, un 6,5% admitió haberse unido a las burlas. Las razones detrás de esta pasividad van desde el temor a ser las siguientes víctimas hasta sentir una mayor afinidad con el agresor que con el acosado.
Estos resultados resaltan la urgente necesidad de cambiar la mentalidad de los estudiantes y fomentar una cultura escolar de empatía y solidaridad. Álvarez y su equipo abogan por intervenir en el entorno escolar de manera integral, involucrando a todos los actores, desde los profesores hasta los padres, para abordar el acoso escolar desde su raíz grupal.
Al ser hoy el Día Internacional contra el Acoso Escolar, es esencial reflexionar sobre estas nuevas perspectivas y trabajar juntos para crear entornos escolares seguros y libres de violencia, donde cada estudiante se sienta apoyado y protegido.
Urgencia de acción en la prevalencia de maltrato entre estudiantes de secundaria
En un estudio reciente realizado en varias escuelas de secundaria, se ha descubierto una preocupante realidad: una parte significativa de los estudiantes participa de diversas formas de maltrato entre pares. Los resultados, basados en una muestra supera los 3.000 estudiantes, revelaron que un 5,6% de los alumnos admitió haber participado en actos de maltrato, mientras que un alarmante 45% afirmó no haber hecho nada al respecto.
El profesor Alberto Álvarez, líder del grupo de investigación detrás de este estudio, destaca la importancia de abordar este problema de manera urgente y efectiva. Según Álvarez, es fundamental cambiar la percepción de que la violencia es una forma normal de relacionarse. Gestos aparentemente inofensivos, como dar un golpe en la espalda al saludar a un compañero o utilizar motes despectivos, contribuyen a perpetuar un ambiente de hostilidad y agresión.

En respuesta a esta problemática, el grupo de investigación liderado por Álvarez ha desarrollado programas de intervención dirigidos a los estudiantes. Estos programas están diseñados para enseñar habilidades sociales que fomenten una interacción más positiva y respetuosa entre pares. El objetivo es empoderar a los estudiantes para que puedan resolver conflictos de manera constructiva y aprender a relacionarse de manera adecuada.
Una de las estrategias clave en esta lucha contra el maltrato entre estudiantes es el fomento del papel de los cibermediadores. Álvarez señala que los profesores no siempre tienen acceso a las redes sociales en las que participan los alumnos, pero estos últimos sí pueden desempeñar un papel importante como informantes de los problemas que surgen en el ámbito digital. Por ejemplo, los estudiantes pueden denunciar situaciones de acoso o violencia que ocurren en las redes sociales, lo que permite una intervención más rápida y efectiva por parte de las autoridades escolares.
Abordando el acoso desde la educación y no solo la sanción
En el complejo entorno del acoso escolar, el enfoque tradicional ha sido centrarse en las víctimas y los agresores, dejando de lado a un actor clave: los testigos. El profesor titular de psicología de la Universidad de Oviedo, el Dr. García, desafía esta perspectiva y propone una nueva dirección para abordar el problema.
Según el Dr. García, la mirada habitual hacia el agresor suele ser excesivamente punitiva, dejando poco espacio para la comprensión y la educación. Este enfoque, que privilegia la sanción sobre la corrección, puede perpetuar ciclos de violencia en lugar de resolverlos. En cambio, el Dr. García aboga por una intervención educativa que reconozca al agresor como un estudiante en formación que merece apoyo y orientación.
El cambio de centro escolar, a menudo considerado como una solución rápida, es visto por el Dr. García como un simple traslado del problema sin resolverlo. En lugar de eso, propone programas de intervención que se enfoquen en corregir las conductas agresivas y en educar a los estudiantes sobre la importancia del respeto y la empatía.
La investigación del Dr. García y su equipo ha relevado que los agresores también sufren las consecuencias de su comportamiento. Ser etiquetado como “chico malo” puede llevar al rechazo social y problemas de control emocional, lo que a su vez puede aislar aún más al agresor y reforzar patrones negativos de comportamiento.
El enfoque del Dr. García no ignora el sufrimiento de las víctimas, sino que busca una solución más completa al problema del acoso escolar. Al trabajar con todos los actores involucrados, incluidos los testigos, se puede crear un entorno escolar más seguro y compasivo para todos los estudiantes.

