En la era de internet, la reputación ya no se construye únicamente en el mundo físico. Una noticia antigua, una publicación fuera de contexto o una información desactualizada pueden condicionar la imagen pública de una persona durante años. Para abordar esta realidad nació Honoralia, una empresa especializada en reputación online y derecho al olvido. Hablamos con su CEO, Javier Franch, sobre el origen del proyecto, su actividad y los retos de gestionar la identidad digital en la actualidad.
Pregunta. ¿Cómo nace Honoralia y qué necesidad detectasteis en el mercado?
Respuesta. Honoralia nace de algo que veíamos cada vez con más frecuencia: personas y empresas que, al buscarse en internet, no se reconocían en lo que aparecía. Muchas veces eran noticias antiguas, procedimientos ya resueltos o contenidos que en su día tuvieron sentido, pero que con el paso del tiempo habían quedado fuera de contexto.
Ahí entendimos que existía una necesidad real. Internet no olvida, pero la vida sí avanza. Y cuando la huella digital de alguien no refleja quién es hoy, hace falta una solución profesional, seria y legal. Con esa idea pusimos en marcha Honoralia: para ayudar a las personas a recuperar el control de su reputación digital.
P. Para quienes no estén familiarizados con el término, ¿qué es exactamente el derecho al olvido?
R. El derecho al olvido es una herramienta legal reconocida por la normativa europea de protección de datos que permite solicitar que determinada información personal deje de aparecer en los resultados de los buscadores cuando ya no es relevante o causa un perjuicio injustificado.
A mí me gusta explicarlo de forma muy clara: no se trata de borrar internet ni de reescribir el pasado. Se trata de poner las cosas en equilibrio. Hay que compatibilizar el derecho a la información con el derecho a la privacidad, al honor y a la propia reputación. Y cuando una información ha perdido interés público, la ley contempla que su visibilidad pueda limitarse.
P. ¿A qué se dedica exactamente Honoralia?
R. En Honoralia nos dedicamos a proteger y reconstruir reputaciones online, siempre desde un enfoque jurídico y estratégico. Analizamos qué aparece sobre una persona o empresa en internet, detectamos qué contenidos pueden estar perjudicando su imagen y diseñamos una estrategia para corregir esa situación.
Trabajamos cuestiones como el derecho al olvido, la desindexación en buscadores, la monitorización reputacional y el asesoramiento legal en privacidad y protección de datos. En el fondo, nuestro trabajo consiste en algo muy concreto: lograr que la identidad digital de nuestros clientes esté alineada con su realidad actual.
P. ¿Qué tipo de clientes acuden a vuestra empresa?
R. Tenemos un perfil de cliente muy amplio. Vienen particulares que arrastran el impacto de noticias antiguas o informaciones negativas que siguen apareciendo al buscar su nombre. También trabajamos con empresarios, directivos, médicos y otros profesionales para los que la reputación online influye directamente en su actividad y en la confianza que generan.
Y en paralelo, cada vez acompañamos a más empresas que necesitan proteger su marca frente a reseñas falsas, contenidos dañinos o campañas de desprestigio en el entorno digital.
P. ¿Hasta qué punto influye hoy internet en la reputación de una persona o empresa?
R. Hoy influye muchísimo. La primera impresión, en la mayoría de los casos, ya no es presencial: es digital. Antes de contratar, asociarse, invertir o simplemente confiar en alguien, lo normal es hacer una búsqueda en internet.
Y esa búsqueda condiciona mucho. Si lo primero que aparece está desactualizado, incompleto o transmite una imagen negativa que no se corresponde con la realidad, el daño puede ser muy importante. Por eso digo siempre que la reputación digital ya no es un asunto accesorio: es un activo estratégico.
P. ¿Ha aumentado la preocupación por este tema en los últimos años?
R. Claramente sí. Hoy existe mucha más conciencia de que la identidad digital forma parte de la identidad personal y profesional. Hace unos años mucha gente no prestaba atención a lo que salía sobre ella en internet. Ahora sí, porque entiende que eso tiene consecuencias reales.
Además, hay un factor muy importante: la permanencia. Internet conserva contenidos durante años, y muchas veces información publicada hace diez o quince años sigue apareciendo con enorme visibilidad. Eso ha hecho que muchas personas y empresas decidan gestionar su reputación de forma profesional.
P. ¿Cuál es el mayor desafío en este ámbito?
R. El gran reto es encontrar el equilibrio correcto entre derechos fundamentales. Por un lado, está el derecho a la información; por otro, el derecho a la privacidad, al honor y a la reputación.
No hay dos casos iguales. Cada situación exige un análisis jurídico serio, porque aquí no valen soluciones automáticas. En Honoralia abordamos cada asunto con ese criterio: estudiar bien el caso, actuar dentro del marco legal y defender los intereses del cliente con rigor y responsabilidad.
P. Para terminar, ¿qué recomendación darías a quienes se preocupan por su reputación online?
R. La primera recomendación es no mirar hacia otro lado. La reputación digital hay que cuidarla de forma activa. Conviene revisar periódicamente qué aparece en internet al buscar nuestro nombre o el de nuestra empresa, y ser conscientes de que cada contenido que publicamos también construye imagen.
Y la segunda es pedir ayuda cuando haga falta. Muchas personas no saben que existen vías legales para actuar frente a información injusta o desactualizada. Y sí, en muchos casos hay solución. Lo importante es abordarlo bien, con profesionales que entiendan tanto la parte jurídica como la estratégica.

