En un esfuerzo por reducir la dependencia energética de Rusia y en respuesta a la invasión de Ucrania en 2022, la Unión Europea aprobó este lunes 26 de enero de 2026, un reglamento que establece la prohibición progresiva de las importaciones de gas proveniente de Rusia. La normativa contempla el fin del suministro de gas natural licuado (GNL) para finales de 2026 o principios de 2027 y el cese de las importaciones de gas por gasoducto para el 30 de septiembre de 2027, con la posibilidad de extender esta fecha hasta el 1 de noviembre en caso de dificultades.
La medida fue adoptada por mayoría cualificada en el Consejo de la Unión Europea, encontrando oposición en Hungría y Eslovaquia, mientras que Bulgaria optó por la abstención. Este paso decisivo busca disminuir una dependencia que, antes de la invasión, alcanzaba el 40% y que se ha reducido al 13% para 2025.
El reglamento aprobado incluye un periodo transitorio que permitirá la verificación de la procedencia del gas y el respeto a los contratos vigentes. Además, antes del 1 de marzo de 2026, todos los Estados miembros deberán presentar planes nacionales de diversificación energética. Estos planes deberán incluir la notificación de los contratos pendientes relacionados no solo con el gas, sino también con el petróleo. Países como Hungría y Eslovaquia, que aún importan petróleo ruso, estarán obligados a cumplir con este requisito.
En casos de emergencia, la Comisión Europea se reserva el derecho de suspender temporalmente la prohibición durante un máximo de cuatro semanas, para así garantizar el suministro energético en situaciones críticas. Estas medidas demuestran el compromiso por reducir la dependencia de Rusia, que ya ha visto cómo las importaciones de petróleo se redujeron del 26% al 2%, y las importaciones de carbón pasaron de un 51% a un 0%.
Hungría, que mostró su disconformidad con la nueva normativa, ha anunciado su intención de recurrir ante el Tribunal de Justicia Europeo. Esta postura refleja la preocupación que existe en algunos países respecto a su capacidad para adaptarse a los nuevos requisitos sin desestabilizar sus economías internas.
Esta estrategia de diversificación energética es vista como un paso crucial para la UE en su objetivo de asegurar una mayor autonomía energética y seguridad en su suministro, especialmente frente a las tensiones geopolíticas actuales. La transición hacia fuentes de energía más sostenibles y la reducción de la dependencia de suministros extranjeros forman parte de una agenda más amplia orientada a fortalecer la resiliencia europea ante futuras crisis energéticas.

